MARNYS acaba de certificar Halal su planta de Cartagena. No fue el primer paso de la compañía en este terreno: fue el más profundo.
Porque hay una confusión extendida en el sector de los complementos alimenticios, y conviene aclararla antes de seguir. Usar ingredientes lícitos no es lo mismo que tener una planta certificada. Son dos cosas distintas, y la segunda es mucho más difícil de conseguir.
MARNYS, laboratorio internacional especializado en nutrición natural con presencia en más de 70 países, ya fabricaba productos con materias primas e ingredientes certificados, sobre todo para mercados de Oriente Medio y Norte de África. Eso era, en esencia, una certificación de producto. Lo que ha certificado ahora es la planta entera: los procesos de fabricación, los protocolos de limpieza, la segregación de líneas, el control de materiales y el propio entorno productivo de Cartagena. Es la diferencia entre decir «mis ingredientes son halal» y poder demostrar que ningún punto de la cadena, desde la recepción de materia prima hasta el envasado, compromete esa condición.
Para el sector de complementos alimenticios, farmacéutico y parafarmacia, este matiz no es semántico. Es, cada vez más, la diferencia entre entrar o no entrar en un mercado.
Un sector técnicamente más complejo de lo que parece
A diferencia de la carne o los lácteos, donde el origen halal o haram de un ingrediente suele ser evidente, los complementos alimenticios trabajan con matrices mucho menos transparentes: cápsulas, excipientes, aromas, colorantes, coadyuvantes tecnológicos. Muchos de estos componentes pueden tener origen vegetal, animal o sintético indistintamente, y ahí es donde se juega la certificación.
El propio marco normativo de certificación halal clasifica los ingredientes en tres niveles de riesgo, y esa clasificación es la que determina cuánta trazabilidad documental hay que exigir a cada proveedor:
Nivel de riesgo | Ejemplos de ingredientes |
Bajo | Aceites y grasas vegetales, frutas, hortalizas, cereales, legumbres, pescado de pesca salvaje — en general, productos no transformados de origen vegetal o mineral |
Medio | Aromas, colorantes, aditivos y coadyuvantes que pueden proceder tanto de fuente halal como haram; quesos y sueros lácteos; condimentos procesados; aceites refinados |
Alto | Ingredientes con posibilidad razonable de origen animal no verificado, o en cuya obtención puede intervenir alcohol como disolvente o vehículo |
Un excipiente cápsula puede ser de origen vegetal (celulosa) o de gelatina animal. Un aroma puede vehicularse en alcohol etílico. Un colorante puede depender de un coadyuvante de procesado cuyo origen ni el propio fabricante del colorante conoce con precisión. Ese es el terreno donde se libra, en la práctica, la certificación halal de un laboratorio de nutrición.
Por eso el pliego de condiciones exige a la empresa certificada mantener un listado vivo de materias primas y coadyuvantes, indicando para cada uno el origen, el nivel de riesgo, el fabricante, el proveedor y la entidad certificadora que avala su condición halal —cuando la tiene—. No es papeleo por el papeleo: es la única forma de que una auditoría pueda reconstruir, ingrediente a ingrediente, por qué un producto puede llevar el sello.
Lo que audita realmente el Instituto Halal
Cuando se certifica una planta como la de MARNYS en Cartagena, la auditoría no se limita a revisar fichas técnicas de proveedores. Entra en la fábrica y verifica:
- Que las materias primas, coadyuvantes y materiales de embalaje estén clasificados por riesgo y documentados.
- Que los protocolos de limpieza eviten la contaminación cruzada entre líneas halal y no halal, cuando ambas conviven en la misma planta.
- Que exista declaración de aptitud halal vigente (con una antigüedad máxima de un año) por parte de los proveedores de ingredientes de riesgo bajo o medio.
- Que los laboratorios usados para pruebas analíticas estén autorizados por la entidad certificadora para los ensayos solicitados.
¿Por qué importa este nivel de detalle a una dirección que no es técnica? Porque es exactamente lo que un importador de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí o Malasia va a exigir ver antes de firmar un contrato. La etiqueta en el envase es la parte visible de un sistema documental que, si falla en cualquier eslabón, puede acabar en una partida retenida en aduana.
Por qué ya no vale cualquier certificado
Aquí hay un segundo matiz que suele pasar desapercibido fuera del sector: no todos los certificados halal tienen el mismo peso en todos los mercados. Los principales destinos de exportación —los países del Golfo, Malasia, Indonesia— reconocen certificados emitidos únicamente por entidades acreditadas ante sus propios organismos oficiales. Entre las acreditaciones que abren esa puerta están JAKIM (Malasia), MUI (Indonesia), el Emirates International Accreditation Center (EIAC) o el Saudi Food & Drug Authority (SFDA)
Un certificado emitido por una entidad sin ese reconocimiento puede ser perfectamente honesto y, aun así, no servir de nada en la aduana de destino.
Instituto Halal, con 25 años de trayectoria y oficinas en España, México y Portugal, cuenta con reconocimientos y acreditaciones internacionales precisamente para evitar ese escenario a sus clientes —MARNYS entre ellos—. Es también miembro del World Halal Food Council, la organización fundada en 1999 en Yakarta que agrupa a 58 entidades certificadoras de los seis continentes bajo un esquema de reconocimiento mutuo.
La dimensión del mercado que se abre
El mercado halal global no es un nicho. Está compuesto por 57 países de mayoría musulmana y más de 2.000 millones de consumidores potenciales, con un valor estimado superior a los 3 billones de dólares. Dentro de ese mercado, el segmento farmacéutico y parafarmacéutico —donde se ubican los complementos alimenticios— es uno de los que más está creciendo, precisamente porque durante años quedó rezagado frente a alimentación y cosmética en cuanto a exigencia de certificación.
Las empresas certificadas por Instituto Halal exportan hoy a más de 80 países. Para un laboratorio como MARNYS, con presencia ya consolidada en más de 70, certificar la planta no es entrar en un mercado nuevo: es blindar el acceso a los mercados donde ya vende, frente a una exigencia normativa que solo va a intensificarse.
Qué puede aprender tu laboratorio de este caso.
El caso MARNYS no es una anécdota aislada. Es una fotografía de hacia dónde se mueve el sector de complementos alimenticios y parafarmacia: de la certificación de producto a la certificación de planta, de la autodeclaración del proveedor a la exigencia de certificados de tercera parte acreditada, de la etiqueta como diferenciador a la etiqueta como requisito de entrada.
Para un director de calidad o de exportación en un laboratorio similar, la pregunta que deja este caso sobre la mesa es concreta: ¿su mapa de materias primas está clasificado por riesgo, con evidencia documental actualizada de cada proveedor? Si la respuesta no es inmediata, probablemente ahí está el primer punto de la próxima auditoría.
Preguntas Frecuentes
¿Qué significa que una planta esté certificada Halal, y no solo el producto?
Significa que la auditoría verifica todo el sistema productivo: materias primas, coadyuvantes, protocolos de limpieza, segregación de líneas y entorno de fabricación. Un producto certificado por sus ingredientes puede fabricarse en una línea sin esas garantías; una planta certificada demuestra que ningún punto del proceso compromete la condición halal.
¿Qué ingredientes presentan más riesgo halal en complementos alimenticios?
Los de riesgo medio o alto: aromas y colorantes que pueden vehicularse en alcohol, cápsulas de gelatina de origen animal, coadyuvantes tecnológicos y aditivos cuyo origen —vegetal o animal— no siempre es evidente en la ficha técnica del proveedor.
¿Sirve cualquier certificado halal para exportar a países del Golfo o Sudeste Asiático?
No necesariamente. Los principales mercados de destino reconocen certificados emitidos por entidades acreditadas ante sus propios organismos —JAKIM en Malasia, BPJPH en Indonesia, EIAC o el SFDA para el Golfo—. Un certificado sin ese respaldo puede quedar retenido en aduana pese a ser legítimo.
¿Cuánto tiempo es válida la declaración de aptitud halal de un proveedor?
Un máximo de un año. Pasado ese plazo, la empresa certificada debe solicitar una declaración actualizada para mantener la trazabilidad documental exigida en auditoría.
¿Qué mercados se abren a un laboratorio de suplementos con certificación halal?
El mercado halal agrupa 57 países de mayoría musulmana y más de 2.000 millones de consumidores potenciales. Las empresas certificadas por Instituto Halal exportan hoy a más de 80 países, con Oriente Medio, Norte de África y el Sudeste Asiático como destinos prioritarios para el sector farmacéutico y parafarmacéutico.